-Padre, he pecado.
-Reza tres Ave Marías.

La mirada azul levantada al paso de la niña, a la altura de su falda, lejana, fría, fija. Como la de alguien sentenciado que ya no puede más, porque los días se acaban y el tiempo se clava. El aliento del hombre viejo hacia la niña, por los agujeros de la madera donde casi cabe una lengua, porque es peor la acción antes de la acción, el hálito que se extiende hacia su marcha. La niña se va pero llega otra, y lo mismo es. La fatalidad de ellas es la oportunidad recurrente de él, de babear sin ser visto, de extender ese tiempo infantil. La niña de rodillas en el confesionario, el señor Padre y sus babas, otra vez. Sueña tres Ave Marías.

-Si vuelves a hacerlo, te vas de casa.
-Tú no eres mi padre.

La ira incontrolada del que no sabe, la afrenta directa que no se espera, el hombre cara a cara con su propio poder, con la ausencia de «conciencia de-ser-en-el mundo» (Sartre). El Ser que necesita «ratificarse» (Lacan), legitimar su no-poder con violencia, reflejar su desconocimiento en, casi siempre, la otra, buscando cobijo, a mamá, en el fondo, un útero, una placenta, si te descuidas, otra vez. La lengua manifiesta de las malas avenidas, que busca un orificio que no encuentra. Aquella que quiere pero no lame, espacios, entresijos, cartílagos tuertos que facilitan la entrada a un mundo que no existe para él.

De los Reyes son los padres a zamparse por entero el roscón.

El Gobierno, Sanidad, «El nuevo debate sobre las mascarillas», Alemania, La Generalitat, España, El Consejo de Seguridad, PSOE y PP, El Supremo, Estrellas Michelín, «la utopía rural», Cataluña y ahora, la colchicina. Las realidades fluyen parejas a todas estas mediaciones que de nuevo, necesitan más elementos para ser. El ‘poder’ es bidireccional, como poco, una entidad o mejor, identidad, o mejor, ‘identidades’, que precisan receptores para ejercer la dominación. La respuesta es el arte de la descomposición, de la desfiguración, de las posibilidades activas de construir fuerzas emergentes como alternativas, que a veces, no se engañen, también pueden ser la renuncia o el silencio.